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Conocido como el Mes de la Patria, septiembre es una esperada temporada del año por muchos, ya que el ambiente festivo y el orgullo nacional son el espíritu que prevalece en el ánimo de las mexicanas y mexicanos a lo largo y ancho del territorio nacional y nos recuerda la importancia de la unidad y fortaleza de nuestro pueblo.
Con adornos tricolores en las fachadas de las casas, en los autos y en los atuendos, las personas se suman a una celebración que estuvo marcada por hechos históricos memorables, que son el inicio de México como una nación independiente.
Así, la noche del 15 y madrugada del 16 de septiembre, en las plazas públicas de nuestro país, el pueblo se reúne a conmemorar la gesta heroica de los Niños Héroes y el Grito de Dolores, cuando Miguel Hidalgo y Costilla hizo un llamado a la libertad en 1810, lo que dio origen a una guerra que duró más de 11 años y que culminó con la liberación de México, del yugo español.
Recordando a todas las heroínas y héroes que nos dieron patria, no podemos dejar de mencionar la participación de personas de las comunidades campesinas y costeras que fueron fundamentales para el triunfo de esta guerra.
Y es que la verdadera fuerza humana, el sustento económico y la resistencia provenían de las y los campesinos, indígenas y afrodescendientes de las zonas rurales y litorales.
Con sus herramientas de labranza como armas, formaron el primer Ejército Insurgente; luego, durante la guerra de guerrillas en el campo, las comunidades rurales se organizaron para cortar rutas de suministro a los enemigos; mientras apoyaban y protegían a los rebeldes.
En las costas, con población principalmente indígena y afrodescendiente, en estados como Guerrero y Oaxaca, participaban como soldados de élite por su resistencia física, conocimiento del terreno y maestría en el uso del machete; en Veracruz, interceptaban el comercio y las armas que enviaba la Corona Española.
Así que nuestro reconocimiento a estas heroínas y héroes anónimos, ya que sin su sacrificio para la transformación social, la independencia de México no hubiera sido posible.
Y como el alma de septiembre radica en su soberanía, ahora sí que ¡Viva México! ¡Viva el campo! ¡Viva el mar! Felices fiestas patrias.
FM