SICOM Noticias
Septiembre, mes de la Patria, es una oportunidad para reflexionar sobre la grandeza de México como nación independiente y sobre la unidad de nuestro pueblo, cimentada en una vasta riqueza cultural que nos llena de orgullo y nos da identidad.
Y nos encanta demostrarlo. Durante las celebraciones patrias, la comida y las bebidas tradicionales mexicanas se convierten en protagonistas de las fiestas, porque no solo deleitan el paladar: también engalanan las mesas, reúnen a las familias y alimentan el alma.
Por eso, en este mes queremos hablar de una herencia prehispánica que ha sobrevivido al paso del tiempo y que hasta nuestros días sigue alegrando los corazones y reconfortando el espíritu: las bebidas fermentadas.
Durante la época precolombina se consumían diversas bebidas fermentadas, algunas de ellas alcohólicas, pues en aquel entonces se desconocía el proceso de destilación. Se elaboraban a partir de plantas consideradas sagradas, como el maguey, el maíz, el cacao, la piña y la corteza de árboles endémicos, entre otras.
Y es que para pueblos como los mexicas, mayas, rarámuris y purépechas, la fermentación era un proceso guiado por los dioses, que daba como resultado medicina para el alma.
Por ello, estos productos se consumían únicamente durante momentos especiales, considerados sagrados, como las ceremonias agrícolas, los rituales de sanación, las celebraciones dedicadas a los guerreros o las de comunión con los difuntos.
¿Sabrías que….? Para las culturas prehispánicas el alcohol no era una bebida recreativa, sino un puente entre el plano terrenal y el divino; quienes las consumían fuera del contexto adecuado, eran castigados y repudiados.
Muchas de estas bebidas han sobrevivido hasta nuestros días y podemos disfrutarlas en distintas regiones del país, donde continúan elaborándose mediante procesos artesanales que conservan conocimientos transmitidos de generación en generación.
Además del gran valor cultural que tienen, pues se siguen consumiendo durante ceremonias, rituales y fiestas —agrícolas, de sanación, patronales, comunitarias, sagradas, etcétera— conservando sus fuertes raíces prehispánicas, también se han estudiado sus propiedades nutricionales, por lo que se consideran bebidas naturales que alimentan, dan energía y refrescan.
Dentro de estos fermentados tradicionales de origen prehispánico se encuentran:
- Pulque: denominado en náhuatl poliuhqui, de “corromperse” o “descomponerse”, nombrado originalmente octli; se consume en el centro de México, en los estados de Hidalgo, Tlaxcala, Ciudad de México, Estado de México y Puebla. Es la bebida fermentada por excelencia, elaborada a base del aguamiel extraído del maguey pulquero (agave salmiana).
- Pozol: del náhuatl pochotl o pozolli que significa “espumoso”; se prepara en los estados de sureste de México (Chiapas y Tabasco), a partir de masa de maíz nixtamalizado y fermentado, mezclado con cacao molido.
- Tejuino: del náhuatl tecuini, que significa “latir de corazón”; es del occidente de México, de los estados de Jalisco, Nayarit y Michoacán; elaborado con masa de maíz fermentada brevemente, piloncillo, agua, sal y limón.
- Tesgüino: muy similar al tejuino pero con mayor grado de fermentación; es del norte de México, se prepara en la Sierra Tarahumara en el estado de Chihuahua; las y los rarámuris germinan los granos de maíz al sol (proceso de malteado) y se fermentan en ollas de barro; actualmente se consume como propiciador de la alegría y para dar fuerza a los hombres de la tierra.
- Tepache: de tepatli en náhuatl, cuyo significado es “bebida de maíz”, “prensado” o “molido”, se conoce y consume en todo México, pero con mayor arraigo en el centro del país y en el estado de Oaxaca; actualmente se elabora con cáscaras y pulpa de piña —antes se usaba maíz—, piloncillo, agua y canela.
- Belché: toma su nombre del árbol del que se obtiene la corteza utilizada para su elaboración y significa “árbol oculto”. Es tradicional de Yucatán, Tabasco y Chiapas, y se prepara con corteza fermentada, miel de abeja melipona y agua. Se considera una bebida purificadora y sagrada, vinculada con la limpieza del cuerpo y el espíritu.
Incluir estas bebidas mexicanas en las celebraciones patrias es beber alegría, historia y cultura. Es reconocer y preservar saberes heredados, llenos de sabiduría ancestral, y valorar el trabajo de las comunidades campesinas e indígenas que mantienen vivas estas tradiciones.
Al consumir productos elaborados por estas comunidades también contribuimos a fortalecer las economías locales, fomentar el comercio justo y reducir la intermediación, al tiempo que ayudamos a proteger la agrobiodiversidad nativa frente a la producción masiva.
Recuerda que algunas bebidas fermentadas contienen alcohol, por lo que debes consumirlas con moderación y solo si eres mayor de edad.
FM