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El cempasúchil de Xochimilco se transforma en postres y bebidas para abrir nuevas oportunidades en el campo mexicano
SICOM Noticias
Cada otoño, el cempasúchil pinta de naranja los campos, mercados y ofrendas de México. Pero sus pétalos no solo sirven para trazar los caminos que en las ofrendas guían las almas de las y los difuntos, también pueden convertirse en sopas, tés, jabones, velas aromáticas y hasta en repostería gourmet.
En la Ciudad de México, la siembra y cosecha de cempasúchil tiene un importante corazón productivo en las alcaldías de Tláhuac y Xochimilco. Esta última concentra el 80 por ciento de la superficie dedicada al cultivo de la flor de veinte pétalos.
En esta actividad productiva, de acuerdo con datos de la Oficina de Representación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (AGRICULTURA) en la Ciudad de México, participan 700 agricultoras y agricultores.
Se estima que las actividades relacionadas al cultivo de cempasúchil generan más de mil 500 empleos directos y 2 mil indirectos, lo que refleja la importancia económica de la floricultura para las comunidades productoras de la Ciudad de México.

La flor gourmet que despierta la creatividad
Don Mauro Sánchez, fundador de Viveros Ecoflor, es uno de los productores que apuestan por diversificar el aprovechamiento de estas tradicionales flores. Desde 1998 incorpora prácticas de agricultura orgánica en sus invernaderos de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco.
Con los años, el productor amplió su trabajo hacia las flores gourmet, destinadas principalmente a restaurantes y hoteles.
Su colaboración con la chef y repostera Araceli Ramírez ha permitido explorar nuevas posibilidades para el cempasúchil. Después de experimentar con sus pétalos, ella creó galletas y mousse de esta flor.
Para las galletas, explica, deja secar los pétalos de manera natural durante aproximadamente cuatro días antes de incorporarlos a la masa. En el mousse, elaborado con merengue italiano y crema batida, utiliza pétalos frescos y mermelada de cempasúchil para experimentar con diferentes intensidades de sabor.
Esta transformación demuestra que el valor agregado no solo consiste en cultivar una planta, sino también en convertirla en productos elaborados que diversifiquen sus usos y abran nuevas posibilidades de comercialización.
Pero, Araceli subraya que no cualquier cempasúchil es apto para el consumo. Es indispensable conocer su procedencia y asegurarse de que se haya cultivado con prácticas adecuadas para uso alimentario. Por eso utiliza las flores de Don Mauro, cuya producción conoce de tiempo atrás.
Cómo se cultiva la flor que ilumina la Noche de Muertos
La producción requiere planeación y cuidados. Don Mauro comienza a sembrar en julio y organiza dos ciclos para disponer de flores en distintos momentos de la temporada. El objetivo es que las plantas lleguen a manos de sus clientes en su punto óptimo de floración, sin que las flores pierdan su calidad.
Para ello, mantiene sus cultivos protegidos y procura brindarles las condiciones necesarias para desarrollarse. Incluso, asegura, trabaja con agricultura biodinámica, un método de producción ecológica donde el suelo, las plantas, los animales y el ser humano forman un único sistema en equilibrio.

En su invernadero, el productor cultiva distintas variedades de cempasúchil, desde los pompones, de flores grandes y abundantes pétalos, hasta las de la serie bonanza, con flores más pequeñas y tonalidades naranjas, amarillas y matizadas.
El cempasúchil demuestra que la riqueza del campo mexicano no solo se contempla, también puede transformarse, generar nuevas oportunidades y llegar a la mesa con sabores inesperados.
Porque esta temporada, además de iluminar las ofrendas y honrar la memoria de quienes ya no están, el cempasúchil también nos invita a descubrir todo lo que México puede cultivar, crear y compartir.
FM
