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Rostros del cempasúchil: manos chiapanecas que cultivan la tradición

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SICOM Noticias

Cada Día de Muertos, el naranja del cempasúchil llena de color los mercados y los altares de las familias mexicanas. Esta flor forma parte de una tradición que mantiene viva la memoria de quienes ya no están. Sin embargo, antes de adornar los hogares, existen meses de arduo trabajo en las parcelas y familias campesinas que hacen posible esta floración.

En la comunidad de Vista Hermosa, municipio de Berriozábal, Chiapas, Martha Pérez Díaz cultiva cempasúchil en media hectárea de terreno. Durante la temporada 2026 cosechó aproximadamente 26 mil plantas en maceta, resultado de un proceso minucioso que comienza con la preparación del suelo y la siembra, y continúa con el cuidado constante hasta su comercialización.

De acuerdo con la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), Chiapas registró 10.26 hectáreas sembradas y cosechadas de cempasúchil durante 2025. La producción alcanzó 30 mil 390.94 gruesas, con un valor total de 5 millones 422 mil 660 pesos. Estas cifras reflejan la magnitud de una actividad agrícola impulsada por productores que, como Martha y su familia, dedican sus conocimientos y esfuerzo a este cultivo.

 

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Aunque cuenta con 15 años de experiencia en la producción de plantas ornamentales —como rosas y nochebuenas—, Martha comenzó a cultivar cempasúchil hace apenas tres años de manera autodidacta, adquiriendo conocimientos mediante la práctica directa.

En su parcela, la siembra arranca el 1 de agosto y la cosecha a partir del 10 de octubre. Durante este periodo, el cultivo requiere abundante riego, fertilización y supervisión permanente. Entre los principales riesgos destacan las bajas temperaturas, que tornan negras las hojas y dañan la flor, así como los fuertes vientos, capaces de quebrar los tallos.

Una producción con sello familiar

En el predio de Martha, la agricultura es una labor colectiva. Seis integrantes participan activamente: dos mujeres y cuatro hombres, entre ellos sus hijos y su yerno, jóvenes de entre 16 y 22 años.

La familia interviene en todas las etapas del proceso, lo que permite distribuir las cargas de trabajo y transmitir saberes entre distintas generaciones.

 

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En esta misma localidad, un grupo de cuatro primos de entre 28 y 35 años destina tres hectáreas al cultivo de cempasúchil. Tras nueve años de trayectoria en el sector, su producción alcanza las 150 mil plantas en maceta por temporada.

De Vista Hermosa a los mercados de Chiapas y Tabasco

Una vez obtenida la cosecha, surge el siguiente desafío: el despliegue comercial. Martha distribuye sus flores en viveros y tianguis de Berriozábal, además de atender a compradores de otros municipios chiapanecos y del estado de Tabasco.

Consolidar canales de venta representa un reto constante, especialmente por la competencia que genera la llegada de cempasúchil procedente de Puebla y otras entidades del país.

Por ello, Martha invita a la ciudadanía a visitar las parcelas, conocer el esfuerzo detrás del cultivo y adquirir el producto directamente con sus creadores. Consumir cempasúchil chiapaneco fortalece la economía de los hogares rurales y garantiza que la derrama económica permanezca en las comunidades locales.

Cultivar flores es cultivar tradición

Para Martha, saber que sus flores forman parte de los altares familiares es motivo de orgullo. Su trabajo contribuye a preservar una celebración central en la memoria colectiva de México.

“Al comprar directamente a las familias productoras de Vista Hermosa, se reconoce el valor de quienes trabajan la tierra con dedicación y se mantiene viva una tradición ancestral. Detrás de cada planta hay conocimiento, organización comunitaria y meses de entrega.“

 

 

FM