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Deporte a Fondo | Tormenta interminable

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La columna de Antonio Abascal

Jueves 4 de junio de 1992, la ciudad de Puebla vibraba con la segunda final del futbol mexicano en tres años sólo que ésta se cerraría fuera de casa, era la primera vez que la Franja tendría que dirimir el título en un estadio ajeno y el rival acostumbraba hacer de su casa un escenario temible, por ello la ida en el Cuauhtémoc lucía como clave porque además en la liguilla el cuadro local había sido capaz de tomar ventaja ante Chivas y Necaxa y defender en patio ajeno esa ventaja, por lo que la fórmula tenía que ser igual: Ganar en el inmueble dos veces mundialista y olímpico y defenderla en el Estadio Nou Camp de la ciudad de León; sin embargo, el primer inconveniente estuvo fuera del control de directiva, cuerpo técnico jugadores y aficionados camoteros: El cielo se vino abajo con un aguacero dos horas antes del partido que sólo aparentó parar poco antes, hubo un momento que se analizó la necesidad de suspenderlo, pero la gran entrada en el estadio contuvo a los que pensaron en el desarrollo del juego: El partido se celebró a pesar de que la cancha estaba afectada.

Pese a los intentos de la escuadra camotera, León se defendió bien y aprovechó las condiciones de la cancha para salir vivo del Estadio Cuauhtémoc a pesar de la expulsión de Zé Roberto, por segundo año consecutivo un aguacero complicó al cuadro local ya que en las semifinales de la 90-91, Pumas sacó la victoria por 2-0 incluyendo un tanto en el que Pablo Larios le entró mal al balón y se le escapó con las condiciones húmedas del terreno de juego y de la pelota. El domingo 7 de junio, al medio día, en el Nou Camp, el equipo de Lapuente plantó cara, ahora fue la escuadra poblana la que cerró los espacios, contó con una destacada actuación del aparato defensivo comandado por Larios, Ruiz Esparza y Aurelio Rivera, incluso tuvo alguna opción, pero el juego fue avanzando sin tantos; la final del futbol mexicano tras 180 minutos seguía empatada a cero y necesitaba de los tiempos extra.

Con diez jugadores por la expulsión de Ángel Torres cerca de la finalización de los noventa minutos y con la lesión de Paco Ramírez, el Puebla sufrió el tiempo extra pese a lo cual tuvo alguna ocasión para irse en ventaja, la más clara por parte del extremo brasileño Paulo César Silva cuyo disparo se fue desviado de la meta que defendía el veterano, Marco Antonio “Chato” Ferreira; a la siguiere jugada un centro muy elevado hacia el manchón penal provocó la mala salida de Larios, brillante salvador del Puebla en esa final, a lo largo de la liguilla y en el torneo, por lo que el central Carlos Turrubiates agregado al frente cabeceó y abrió el marcador para alegría de los aficionados panzas verdes, Puebla quiso reaccionar pero ya no pudo y en la segunda parte un tiro libre de Milton Queiroz “Tita, ex jugador del Bayer Leverkusen de Alemania, impactó en la pierna de Aurelio Rivera para decretar el definitivo 2-0 https://www.youtube.com/watch?v=ju5chyI8IxA. Puebla se quedaba con el subcampeonato, en una campaña en la que no se esperaba ese resultado porque había vivido muchos cambios, se habían ido figuras como Marcelino Bernal, Chepo de la Torre, Arturo Álvarez y Jorge Aravena, entre otros, ya no estaban los revulsivos Cañas y Morales, mientras que sólo se quedaron como la base importante Larios, Ruiz Esparza y Poblete con la promesa de que al final les daría su carta, se buscó a jugadores brasileños desconocidos en lo que fue un gran trabajo del secretario técnico, Luis Enrique Fernández.

De hecho, Luis Enrique tuvo un gran mérito en el resultado final de esa temporada ya que la directiva se había quedado sin tantos recursos económicos, el equipo se había quedado sin técnico tras una campaña 90-91 en la que tuvo tres y en donde sólo don Nacho Trelles pudo enderezar la nave para llevarla a semifinales, como ya se había dicho muchas estrellas se fueron y fue el hombre de confianza de Emilio Maurer en la parcela deportiva el que tuvo que reconstruir al equipo. Buscó a Manolo Lapuente para regresar, pero el afamado timonel se tomó su tiempo para aceptar, por lo que no fue al draft y Fernández Figueroa fue armando un nuevo plantel con jugadores que no entraban en planes de los otros equipos. Una vez que inició la confección de la plantilla mantuvo la comunicación con Lapuente Díaz quien aceptó la invitación y todavía hizo alguna solicitud para apuntalar al equipo.

Al final se armó un cuadro con jugadores jóvenes, algunos que venían desde el Ángeles de Puebla como Gerardo González y Sigifredo Mercado, siendo el primero el que había jugado más con la Franja, llegó Salvador Reyes, se mantuvo a Paco Ramírez y Ángel Torres, llegaron elementos como Juan Carlos Chávez, de muy nivel, aunque un tanto irregular, José Ángel “Guayú” Galván y se apostó por un joven que sobresalía en el Irapuato como Francisco Rotllán quien se consolidó en el Puebla y se ganó su convocatoria para la selección sub 23 que ganó su boleto para los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 rompiendo un ayuno de dieciséis años ya que la última vez que el “Tri” había estado en el futbol olímpico había sido en Montreal 76. Los brasileños que llegaron fueron Renato Porto, un medio de contención clásico con buena salida del balón, Paulo César Silva Gaucho, un jugador con mucha velocidad que fue importante porque se convirtió en un buen socio para Poblete; también llegó José Carlos Gelensky “Zeka”, quien era el medio creativo, pero resultó muy lento, aunque tuvo su importancia al marcarle al América en el Azteca; a media temporada se decidió su baja y se trajo a otro brasileño, Milton Antonio Nunez, “Zico” quien en su presentación le hizo un gol al América de tiro libre en el Cuauhtémoc y con ello, con su técnica e imagen se ganó, de inmediato, el cariño del público poblano.

Manolo Lapuente hizo la otra parte, entendió al equipo, fortaleció al aparato defensivo y así fue creciendo. Los tres que se quedaron vivieron una campaña sobresaliente: Larios impuso marca para el Puebla con cinco partidos consecutivos sin recibir gol: Necaxa, León, Monterrey, Toluca y Guadalajara, de hecho, la Franja sólo marcó diecinueve goles en la primera vuelta, pero fueron suficientes para hacer veintitrés puntos, ubicarse en segundo lugar de su grupo (se confeccionaban cuatro grupos y los dos primeros avanzaban, así como los mejores terceros para ir al repechaje) y cuarto de la tabla general. La fase regular sirvió para debutar a algunos jóvenes canteranos como Marco Antonio Vaal y Gilberto Jiménez, mientras que todavía en esa campaña jugó, de forma esporádica en dos partidos, Arturo “Mango” Orozco.

La temporada 91-92 del Puebla de la Franja ha quedado un tanto escondida en los recuerdos de los aficionados poblanos, se habla mucho del subcampeonato y de la forma en la que se perdió la final, pero hay otros aspectos dignos de destacar: Además de Rotllán, Silviano Delgado y Gerardo Mascareño se ganaron su llamado a la selección olímpica, aunque una lesión evitó que el segundo, un extremo de mucha potencia, pudiera participar. Carlos Poblete jugó 37 de los 38 partidos de liga, con catorce goles para ser el máximo anotador del equipo, Roberto Ruiz Esparza sumó 35 juegos, 33 completos ya que vio dos tarjetas rojas, pero anotó tres goles, uno de ellos muy bueno al Querétaro https://www.youtube.com/watch?v=C50RB8DYvFk; Pablo Larios jugó los 38 partidos de la fase regular en los que recibió 42 goles. Otros destacados fueron Aurelio Rivera con treinta juegos a pesar de tres expulsiones, Francisco Ramírez con 32 y también tres tarjetas rojas, Juan Carlos Chávez con 36, Paulo César con 35 y tres goles, así como Sigifredo Mercado con 24.

No se puede perder de vista que ese Puebla fue protagonista de Copa México, perdiendo el pase a la semifinal a partido único en el Cuauhtémoc por penales ante el Monterrey, que a la postre, sería el campeón, fue esa la versión que consiguió el título de la CONCACAF (hoy Copa de Campeones de la CONCACAF) al vencer al Police Sports de Trinidad y Tobago al ganar 3-1 en el Cuauhtémoc con goles de Ruiz Esparza, Zeka y Paulo César, mientras que en la vuelta celebrada el 24 de septiembre de 1991, la Franja empató a uno con tanto de Renato Porto para llevarse la Copa por 4-2 global y garantizar así su primer campeonato internacional. Estamos hablando de un equipo que fue protagonista en los tres torneos que disputó, con un campeonato y un subcampeonato.

En la liguilla, el Puebla despachó a las Chivas Rayadas del Guadalajara con global de 4-3, basado en un 3-1 en el Cuauhtémoc, en semifinales al Necaxa con un vibrante 3-2 contra un equipo poderoso y ofensivo que dirigía Roberto Marcos Saporitti, fue la noche más sobresaliente, de las muchas que tuvo con la Franja, de Carlos Poblete por sus tres goles, por el momento y la importancia del partido y porque además tuvo que terminar el juego en la portería por la expulsión de Pablo Larios, con alguna atajada meritoria. La tarjeta roja que vio el “arquero de la selva” supuso poner fin a su racha de 123 partidos completos consecutivos, pero como no lo suspendieron pudo jugar la vuelta, donde fue la gran figura para eliminar a los Rayos en el Azteca en un empate a cero y en el que Ruiz Esparza marcó personal a Ivo Bassay, y alargó su marca de partidos seguidos https://www.youtube.com/watch?v=kFLO50Ydw94&t=9s.

Mañana se cumplen treinta y dos años del gran aguacero que muchos que formaron parte de ese Puebla sienten que fue el gran culpable que evitó una tercera estrella en el escudo de la Franja, el viernes siete será el trigésimo segundo aniversario de la triste final de vuelta para los aficionados poblanos que a pesar de su gran ilusión se tuvieron que conformar con el subcampeonato. Fue el último gran Puebla, fue el último con grandes aspiraciones, luego vino la persecución, el veto al Cuauhtémoc, el equipo nómada y la venta de la franquicia para dar paso a períodos de gran inestabilidad en este siglo XXI.

Por ello tal parece que la tormenta del cuatro de junio de 1992 que fue clave para no tomar ventaja en la final lo que habría permitido otro manejo en León, amainó en el apartado físico, pero en el metafórico se ha convertido en una tormenta interminable, que en algunos momentos parece amainar como esas semifinales en torneos cortos del Invierno 96 con Aníbal Ruiz (qepd), Verano 2001 bajo la dirección de un alumno de Manolo Lapuente como Mario Carrillo, Clausura 2009 con José Luis Sánchez Solá y la última con Nicolás Larcamón en el Clausura 2021, pero luego la nube se vuelve a cargar y la tormenta arrecia; hoy otro alumno de Lapuente en la dirección técnica, José Manuel de la Torre, con un director deportivo que viene de afuera como Ángel Luis Catalina son los encargados de disipar la nube y en el mejor de los casos acabar con una tormenta que ya tiene 32 años, que ha hecho que la afición poblana se vuelva más vieja y que no vuelva a sentir los momentos de protagonismo como el que regaló el equipo de Pablo Larios, Julio César Algarín, Gerardo González, Antonio “Riel” Gutiérrez, Arturo “Mango” Orozco, Jorge Patiño, Francisco Ramírez, Aurelio Rivera, Roberto Ruiz Esparza, Ángel Torres, Raúl Arias, Juan Carlos Chávez, Gilberto Jiménez, José Carlos Gelinski, Silviano Delgado, Sigifredo Mercado, Milton Antonio Núnez, Renato Porto, José Ángel Galván, Gerardo Mascareño, Carlos Poblete, Salvador Reyes, Jorge Rosal, Francisco Rotllán, Paulo César y Marco Antonio Vaal.

La tormenta que azotó Puebla el 4 de junio de 1992 no ha terminado para la Franja porque aun busca respuestas para no sólo vivir pequeños oasis de buenos resultados, sino una serie continuada de protagonismo como sucedió en esa década de 1982 a 1992.