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Deporte a Fondo | Todo se derrumbó

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La columna de Antonio Abasal

Durante años, los poblanos que vivieron a finales del siglo XX usaron el infame Invierno 98 como sinónimo del punto más bajo del Puebla de la Franja que en los años posteriores viviría dos descensos, aunque sólo uno se materializó por la compra de la franquicia del Unión de Curtidores que era el equipo recién ascendido. Los míseros nueve puntos, las doce derrotas, los 41 goles en contra, además del pobre nivel de tres de los cinco yugoslavos Mile Knsevic, supuesto lateral derecho, Aleknsadr Janjic, extremo y Dejan Pekovic, un centro delantero altísimo que no aprovechaba su estatura, mientras que el mediocampista, Vojimir Sindic fue el que más jugó cumpliendo a secas y el macedonio Viktor Trenevski, medio creativo, era el más talentoso pero mostró su calidad a cuentas gotas, generaron que fueran el peor ejemplo de competitividad en la historia de la institución, hasta que, justo en el octogésimo aniversario del equipo de la Franja, la versión del Clausura 2024 está muy cerca de superar esas marcas y, de hecho, también podría escribir uno de los peores torneos cortos en general.

Una nueva derrota ante Chivas significó llegar a once, nuevamente recibió tres goles para llegar a 37, apenas suma cinco puntos, el nuevo timonel, Andrés Carevic, ha perdido los cuatro partidos que ha dirigido con ocho goles a favor y doce en contra para un promedio de tres goles recibidos. De manera general, esos 37 tantos en contra dejan el promedio en 2.64 goles en contra por juego, que ya es superior al de ese Invierno 98: 2.41 y al del Verano 2002 en el que se aceptaron 45 en 18 compromisos. Pese a repetir la alineación que compitió sin premio contra Tigres, ante Chivas, el Puebla volvió a cometer errores infantiles, con el 0-0 y sobrepasando el minuto treinta, ni Alberto Herrera, ni Diego de Buen se pararon enfrente del balón para impedir un cobro rápido de Erick Gutiérrez tras una falta del propio Herrera; el capitán de Chivas ejecutó rápido para Roberto Alvarado y el “Piojo” lanzó en profundidad a Javier Hernández quien no falló ante la salida de Iván Rodríguez para marcar su primer gol desde su regreso a México; en la segunda parte, la Franja volvió a recibir un gol en táctica fija y el tercero fue un mal rechace de Olmedo que aprovechó Alvarado, errores infantiles que se han repetido toda la campaña con nombres distintos, errores que no han podido ser corregidos por tres técnicos.

La amenaza de vivir el peor torneo corto de la historia ha pasado de ser una broma de mal gusto a una posibilidad muy factible por el calendario que resta con dos juegos en casa ante Cruz Azul y América que prácticamente actuarán como locales ante la molestia de la afición poblana y los altos costos de los boletos; además, la “Máquina Celeste”, a pesar de su irregularidad es cuarto lugar de la tabla y las Águilas ocupan el segundo puesto dominando un estilo de juego; la última salida que queda (rol en el que el Puebla ha perdido todos sus partidos) es ante Tijuana, el único equipo sin victorias en el torneo, pero esta escuadra camotera ha dado vida a todos sus rivales. Las doce derrotas del Invierno 98 pueden ser superadas, los 41 en contra parece que se quedarán cortos y hasta se pueden acercar a los 45 del Verano 2002, incluso el récord de la peor diferencia de goles en torneos cortos podría romperse; en el Invierno 98 fue de menos veintiocho, ahora ya va en menos veintiuno; mientras que obtener más de cinco puntos de los nueve que restan empieza a verse como improbable.

Por ello debemos empezar a buscar a los peores torneos cortos de la historia y sólo con permiso del Veracruz que hizo cero puntos en el Clausura 2019 (sumó cuatro unidades, producto de cuatro empates, pero por falta de pagos a sus jugadores, la Federación Mexicana de Futbol lo castigó con seis puntos menos), el Puebla podría escribir el segundo peor torneo corto de la historia si perdiera sus tres compromisos restantes ya que los Indios de Ciudad Juárez del Apertura 2009 hicieron seis, los Tecos del Clausura 2003, el Querétaro del Apertura 2003, nuevamente el Querétaro pero del Apertura 2012 y el Mazatlán del Clausura 2023 hicieron siete, mientras con ocho están dos versiones veracruzanas, la del Apertura 2018 y Apertura 2019, para cerrar con los de nueve puntos, con el ya comentado Puebla del Invierno 98, los Jaguares Chiapas del Apertura 2016, los Lobos BUAP del Clausura 2018 y el Querétaro del Apertura 2022, aunque de esos equipos que consiguieron nueve unidades, el Puebla fue el que tuvo la peor diferencia de goles con -28, por lo que este equipo de la Franja también está en camino de escribir el segundo peor torneo corto de la historia a nivel general. (Con información de César Reyes, estudiante de servicio social de la Universidad Anáhuac Puebla).

El sábado ante Chivas, el Puebla ya se había salvado antes del gol de Javier Hernández, Iván Rodríguez (tercer guardameta con más atajadas del torneo con 38 lo que habla de la falta de un adecuado trabajo defensivo ya que si Rodríguez Trujillo ha recibido 37 goles y ha atajado otras 38 ocasiones ya hablamos de 75 llegadas de los rivales camoteros en catorce juegos) había logrado dos acciones muy meritorias, una de ellas en mano a mano y aunque el Puebla también había tenido alguna, daba la sensación de que era cuestión de tiempo para que los tapatíos resolvieran el juego. Hernández Balcázar aprovechó el buen trazo de Alvarado para abrir el marcador y a partir de ahí, el equipo visitante quiso ir por el empate, pero no tuvo tanta claridad, Carevic movió el banquillo para retirar a un inoperante Kevin Velasco para colocar a Luis Arcadio García y apostar por el movimiento de la semana pasada, adelantando a Gustavo Ferrareis, nuevamente la Franja mostró una intención de querer ir al frente, pero muy rápido vinieron más errores en la retaguardia que sentenciaron el partido.

Un balón parado significó el 2-0 con el remate de “palomita” de Erick Gutiérrez superando con facilidad la marca de Miguel Sansores y dos minutos más tarde, Alvarado aprovechó un rechace corto de Olmedo para poner el 3-0 tras lo cual los locales bajaron la intensidad, vinieron más cambios poblanos con las salidas de Sansores y González para que entraran Barragán y Navarro, más tarde Ángel Robles y Lucas Cavallini tomaron el lugar de Ferrareis y Ormeño; el juego cayó en lo insulso, porque el Puebla no generaba peligro y las Chivas se conformaron a pesar de alguna otra llegada, hasta que al 88 Diego de Buen encontró un balón perdido en el área rayada para  hacer el gol que los antiguos llamaban de la “honrilla” https://twitter.com/i/status/1776809022428975251 y tres minutos más tarde, Alberto Herrera también aprovechó un servicio que recorrió toda el área tapatía incluido un mal rechace de Alan Mozo para poner el 3-2 en el marcador que generó algo de suspenso porque todavía Brayan Angulo remató de volea una nueva pelota en el área de las Chivas, aunque salió a la colocación del guardameta José Rangel https://twitter.com/i/status/1776809796772954368.

Quién vea el marcador y se quede solo con la reacción en los últimos minutos del Puebla tendrá una imagen equivocada del partido, porque en realidad la Franja fue superada ampliamente sobre todo en el desarrollo del segundo tiempo, se pudo haber llevado más goles en contra y sólo la desidia tapatía y sus fallas defensivas permitieron confeccionar un marcador más decoroso; en ese sentido, es de reconocer y de aplaudir la autocrítica de Andrés Carevic quien aceptó que el marcador no era la realidad de lo que pasó en la cancha del nuevo estadio de Chivas.

Carevic pidió más carácter y concentración a sus jugadores, apeló al orgullo en su conferencia posterior a la derrota en Guadalajara, pero la situación poblana no se arregla sólo con el carácter que pidió. La falta de concentración es un factor que afectó desde el inicio de la campaña y que nadie ha podido arreglar a pesar de esa rueda de prensa donde la totalidad de la plantilla quiso entonar “el mea culpa” para ofrecer una buena imagen, saldada con derrota ante Tigres en casa, y volver a las andadas ante Chivas donde la falta de ambición, la dejadez y las dudas defensivas del Rebaño Sagrado ayudaron a los jugadores camoteros a maquillar el resultado y dar la idea de otra derrota decorosa, de esas que ha coleccionado Andrés Carevic desde que asumió la dirección técnica poblana hace un mes en el que suma cuatro derrotas en fila sin que haya soluciones a la hemorragia defensiva.

El timonel argentino ha fallado en el diagnóstico, ha querido jugar de acuerdo a lo que él quiere, sin tomar en cuenta la situación de su equipo, las características de sus jugadores y hasta la confianza que tienen. Al querer implantar un estilo donde se busca tener la pelota, da la impresión que no revisó los videos de los partidos anteriores donde muchos goles cayeron por esa idea de salir jugando; ha sido incapaz de cerrar los espacios. Si te anotan 37 goles y tu guardameta salva otras 38 acciones, quiere decir que hay muchos huecos ya que los laterales pretenden atacar mucho, pero a veces no regresan y los recorridos no han sido solventes para cerrar esos espacios; en un mes de trabajo, Carevic no ha sido capaz de tapar esos huecos, ha pretendido jugar cuando su equipo requiere de otra lectura, de pertrecharse más y así evitar que los equipos hagan daño. El sábado, Chivas ya había perdonado al menos una llegada al minuto tres, precisamente aprovechando esas grandes parcelas que el Puebla deja abiertas porque el mediocampo no ajusta. El mal torneo poblano se puede resumir en la falta de capacidad de tres técnicos para cambiar la forma de juego y cerrar los espacios; es decir, sí hay falta de concentración en algunas acciones, pero pesa más la necedad de intentar un estilo de juego que estos futbolistas no pueden soportar.

Con esto se demuestra que en un torneo hay responsabilidades compartidas entre todos los integrantes de una institución. En otras ocasiones ya hemos explicado la mala planeación para este semestre, parcela en la que fueron responsables el anterior director deportivo, Jorge González y el cuerpo técnico de Ricardo Carbajal, hay un gran peso en lo que han dejado de hacer los jugadores, (no uno en particular como muchos aficionados creen con respecto a Iván Rodríguez), en muchos errores infantiles que han cometido desde los más jóvenes como Sebastián Olmedo hasta los veteranos que no han pesado en la plantilla como Gastón Silva o Diego de Buen; también hay responsabilidad de la dirección general, que aceptó la planificación de González y Carbajal incluyendo empezar tarde la pretemporada, que aprobó los regresos de Ormeño y Cavallini y que luego ha hecho cambios sobre la marcha sin resultados, incluso primero nombró a un técnico y luego al nuevo director deportivo que apenas llegó la semana pasada y que tendrá mucho trabajo para confeccionar una plantilla competitiva para los próximos torneos que salve lo que esta ha dejado de hacer por lo que ya fue superada en la tabla de cocientes 2024-2025 por el Necaxa y sólo está por arriba de Juárez, Atlas y Tijuana (a nueve puntos, mismos que podrían evaporarse en el mismo cierre de este Clausura 2024), y a trece del hermano Mazatlán.

Durante años hablar del Invierno 98, hablar del Puebla de los yugoslavos fue sinónimo del punto más bajo en la historia del equipo, durante años comparar a una versión con esa era una especie de mala broma, de una de mal de gusto, de un comentario que buscaba apelar al orgullo para buscar una reacción. Esta plantilla del Clausura 2024, con sus honrosas excepciones (Pablo González, Alberto Herrera, Brayan Angulo), ha carecido de reacción, de orgullo y está muy escribir marcas negativas para la Franja. Los yugoslavos también están muy cerca de ser redimidos por un grupo de jugadores que apelaron a la demagogia, por tres técnicos incapaces de leer lo que las características de sus futbolistas podían entregar, y por una directiva que sufrió cambios en su interior y cuyos nuevos miembros quisieron cambiar todo sin al menos darse el tiempo de revisar lo que se había hecho bien y las áreas de oportunidad donde podían incidir, lejos de ello, al querer imponer su sello, arrasaron con todo incluyendo algunas buenas costumbres. En 1980, Emmanuel cantaba “Todo se derrumbó dentro de mí” https://www.youtube.com/watch?v=b3al4VmKDbc, justamente eso ha pasado en el Puebla: Todo se ha derrumbado, incluyendo la estabilidad en la tabla de cocientes construida por una presencia continua en liguillas, misma que no se daba desde los años ochenta.