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Deporte A Fondo | PLATO DE SEGUNDA MESA

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Sicom Opina Con… Antonio Abascal 

 

De los lujos de traer veteranos ilustres que veían a México como una opción para continuar con su carrera tras su paso por equipos legendarios, a traer extranjeros de mucho peso con experiencia en selección nacional, a abaratar la palabra “leyenda” porque la época de vacas flacas ha sido demasiado larga (y no parece terminar) por lo que además todos ven al Puebla de la Franja como un plato de segunda mesa, que a la primera oportunidad hay que abandonar “para mejorar en la carrera”, lo sienten los jugadores, lo sienten los directivos como Rafael García, que al menos da la cara, mientras que otros siguen escondidos con el cansino pretexto de “no me gusta aparecer en los medios”; así el equipo camotero ganó en una aduana complicada a pesar de perder a Emiliano Gómez en la semana para irse a enrolar con los Tigres de la Autónoma de Nuevo León, en un movimiento permitido por un reglamento a la medida de los poderosos, pero con el nulo respeto a la afición.

 

Como tantas otras veces la historia del Puebla es transparente: Desde el regreso del equipo en 1964 vía la segunda división donde en varias ocasiones se quedó a las puertas del ascenso, hasta el momento de ese cuadrangular de promoción en 1970 celebrado en la ciudad de México y las primeras campañas en el máximo circuito hubo que aprender a sufrir, hubo que consolidarse en el máximo circuito, incluso hubo técnicos que dejaron al equipo vestido y alborotado como Juan Ricardo Faccio en la 78-79 que generó que Manolo Lapuente dirigiera por primera vez en Veracruz con un triunfo de 2-0; en esta etapa hubo personajes históricos para el Puebla como Silvio Fogel, pero las contrataciones rimbombantes llegaron con Jorge Suárez como dueño y la llegada de no sólo de los españoles, sino de dos brasileños que fueron a ver Benito Pardo y Manolo Lapuente: Manoel Ricardo Picolé del Palmeiras y Muricy Ramalho del Sao Paolo, el primero tuvo destellos de su calidad y el segundo es uno de los jugadores más importantes en la historia del Puebla, aunque su legado a veces se pierda ante ese abaratamiento de la palabra “leyenda”.

 

En ese momento llegaron también Jesús “Pimienta” Rico (fallecido el pasado fin de semana) del Atlético Español, Gustavo Beltrán del Atlante, más tarde el joven Arturo Álvarez llegó del Atlético Español para hacer historia en el Puebla, dejar muestra de su calidad como lateral derecho donde fue pieza fundamental para alcanzar el protagonismo. Ni siquiera en el momento que la franquicia se vendió de último momento se pensó en el Puebla como plato de segunda mesa.

 

Tras el campeonato en la 82-83 se falló en la contratación de “Parrao” como centro delantero y se abrió un capítulo donde no se encontraba la mejor opción, pero en cambio llegó un mundialista chileno que incluso hizo gol a Alemania en España 82, Gustavo Moscoso quien se apropió de la banda izquierda, en ese Puebla que jugaba con extremos bien abiertos ya que por la derecha iba Paúl Moreno. En la 84-85 se intentó con Gustavo Pedro Echaniz, con pasado americanista, pero sólo jugó 17 partidos y anotó dos goles, en una campaña donde los goleadores fueron el poblano Rafael Chávez Carretero, Rubén Omar Romano y el defensa central Nelson Sanhueza quien era el que ejecutaba los penales, los tres con siete tantos, mientras que Paúl, Moscoso y el “Mango” Orozco aportaron cuatro. Para el PRODE 85 regresó Picolé como centro delantero y llegó Daniel Bartolotta para la media cancha, y en la 86-87 la posición de centro delantero se cubrió con el chileno Carlos Poblete que llegaba muy joven y a pesar de que no se entendió con el timonel Hugo Fernández dio visos de su potencia por lo que tras una campaña de presentación de siete goles fue enviado al otro equipo de la ciudad, el Ángeles, para que el brasileño Sapuca llegara en la 87-88 con un gran impacto en los primeros juegos y una historia desastrosa el resto del campeonato.

 

Fue ahí cuando el Puebla volvió a venderse y la nueva directiva apostó fuerte con el regreso de Poblete, con la contratación del seleccionado chileno Jorge Aravena, con el central chileno Oscar Rojas, manteniendo a los Cosío, Paúl Moreno, Gustavo Moscoso, Marcelino Bernal, Arturo Orozco, entre otros, Fue una campaña en la que los extremos volaron, en la que Poblete llegó a 21 goles, en la que Aravena peleó el liderato de goleo en el que 28 goles no fueron suficientes, fue la mejor campaña numérica de los poblanos que no pudo ser replicada con una buena liguilla, lo que provocó cambios y apuestas todavía más fuertes: Moscoso se fue al Morelia y su lugar fue cubierto por la estrella paraguaya, mundialista en México 86, figura del futbol brasileño y con pasado por el Barcelona, Julio César Romero “Romerito”; Paúl se fue a las Chivas para que José Manuel de la Torre que venía de una muy buena campaña en el Oviedo reforzara al club, también llegaron del Cruz Azul: Pablo Larios, Edgardo Fuentes, Mario Cacho y el regreso de Arturo Álvarez, de los Tecos, Javier “Chícharo” Hernández; el objetivo era claro: Ser campeón, para lo cual también se trajo de regreso a Manolo Lapuente.

 

Pero Romero no se encontró, jugó trece partidos, siete de ellos completos y un gol, al Atlante en Querétaro, por lo que al llegar a enero y en el marco de iniciar la segunda vuelta se le dio de baja para que su lugar fuera cubierto por el brasileño Edivaldo Martins da Fonseca quien fue parte de la nómina de la selección brasileña en México 86 en la que no jugó. Edivaldo jugó 15 partidos, cinco completos, hizo 8 goles y se convirtió en un gran socio de Carlos Poblete, esos eran los lujos que podía darse ese Puebla que ganó tanto la liga como la copa de la 89-90 para convertirse en campeonísimo.

 

Tras esos momentos de gloria que cada vez lucen más alejados hubo espacios donde algunos buenos jugadores pusieron su granito de arena. Aquí brillaron Siboli, Rodrigo “Pony” Ruiz, Narciso Cuevas, Carlos Muñoz, Martín Félix Ubaldi, Miguel Pardeza, el tico Jafet Soto, Alberto García Aspe, entre otros; hubo otros ilustres que pasaron de noche como Luis García y Jorge Campos; algunos extranjeros que tenían un pasado brillante, pero convirtieron su estadía en Puebla en una historia de terror como el colombiano Mauricio “Chicho” Serna y el argentino Roberto Trotta, en una etapa de vacas flacas interminable que además es capaz de engañar ya que cuando parece que ha finalizado y deja de atormentar a la afición, gracias a un oasis, regresa con mayor fuerza como los casi tres últimos  años donde se han impuesto los peores registros estadísticos en la historia de la franquicia, justos los tres años en los que ha estado al frente como director general Gabriel Saucedo quien acabó con lo que sus predecesores habían construido y convirtió al Puebla en un plato de segunda mesa.

 

Cincuenta y tres puntos era la pobre cosecha del Puebla desde el Clausura 2024, el primer torneo en el que Gabriel Saucedo se hizo cargo del equipo, porque en el Apertura 2023 llegó a medio torneo para encabezar la decisión de ir ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo y pelear por tres puntos que se habían perdido en la mesa por una supuesta alineación indebida de Luis Miguel Noriega, ese equipo bajo el mando de Ricardo Carbajal fue el último en llegar a una liguilla, peo una vez que ya tuvo el máximo poder en Puebla se dedicó a dilapidar lo que habían construido sus antecesores en varios estratos de la organización.

 

Una vez que el grupo de inteligencia deportiva que se apuntó éxitos como Israel Reyes o Maxiliamo Araújo se fue, los que llegaron sólo pudieron traer a Horacio Carabajal, el chileno Angelo Araoz o Pablo Gamarra, por ejemplo: tras una campaña de nueve puntos le creyeron el discurso al timonel, Pablo Guede y apostaron por un proyecto “juvenil” que sólo significó hacerle la tarea a otros clubes, porque ni siquiera se apostó por la cantera de casa, tras cesar a Guede, y terminar el Apertura 2025 con Hernán Cristante la falta de proyecto deportivo fue evidente al negar la opción de continuidad al argentino y dejar el equipo en manos del director de fuerzas básicas, un español que no había dirigido en el máximo nivel y que mostró mucha inconsistencia, pero sobre todo fue incongruente ya que su gestión se distinguió por la nula confianza a los canteranos, esos que se supone ha desarrollado; al terminar el torneo, como premio a su pobre gestión, se le regresó a las básicas y por fin pudo llegar Gerardo Espinoza quien ya había sido tentado por el club en otros ocasiones.

 

Los extranjeros que llegaron para esta campaña no han mostrado mucho salvo el central Facundo Almada, Sergio Sanabria ha sido inconsistente, el club sigue confiando en Kevin Velasco por alguna gambeta y algún golecito lo que demuestra con qué poca agua se ahoga, Ignacio Maestro Puch ha estado más tiempo lastimado que en la cancha, Luifer Hernández ni siquiera fue considerado ante Necaxa, el brasileño Lucas Azevedo sólo ha tenido minutos anecdóticos. Para ser justos hay que decir que la campaña pasada llegó el central costarricense, Juan Pablo Vargas quien ha sido parejo en su rendimiento; el problema está en que no sólo los jugadores, sino los directivos ven al Puebla como un plato de segunda mesa.

 

Emiliano Gómez debutó en el reto más importante para su carreta, Tigres, al minuto 81 en el gris empate a cero en el clásico regio contra Monterrey. Estamos hablando de un jugador que llegó al futbol mexicano vía el Puebla de la Franja en el Apertura 2024 bajo la dirección de José Manuel de la Torre donde jugó 10 partidos, sumando 773 minutos y tres goles. En el Clausura 2025 fueron 16 partidos, catorce como titular con 1265 minutos y dos goles; en el Apertura 2025 fueron los mismos 16 partidos, doce titularidades, 1174 minutos y seis tantos, para que en el Clausura 2026 apareciera en los 17 partidos, todos como titular con dos goles. En total, 59 partidos, 4524 minutos y sólo trece goles, cifras para nada espectaculares, pese a que en la percepción sí era el mejor del club.

 

59 partidos y trece goles son suficientes para tener impacto en el Puebla, 59 y trece goles son suficientes para llamar la atención de un poderoso en horas bajas, por lo que tuvo que recurrir a las compras de pánico, amparado por un reglamento absurdo que permite cambios hasta la fecha ocho lo que demuestra la nula planeación de los equipos.

 

Si ya era muy grave que una directiva permitiera una cosecha de 53 puntos de los últimos 255 en disputa, su gestión se hace patética cuando se convierte a un equipo con historia en un plato de segunda mesa.

 

 

 

 

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