• Hallazgo en Siberia revela una etapa clave en la domesticación canina.
• El ADN no permite clasificarlo como perro ni como lobo.
Hace aproximadamente 18 mil años, un cánido murió en lo que hoy es Siberia y quedó sepultado por el permafrost, que es como un “congelador” natural del planeta, por lo que las condiciones extremas de frío permitieron una conservación excepcional de su cuerpo, con pelaje, hocico y dentadura prácticamente intactos, lo que ha convertido a este hallazgo en uno de los más relevantes para la ciencia evolutiva.
Dicho ejemplar fue nombrado Dogor, palabra que en lengua yakuta significa “amigo”. Tras su descubrimiento, científicos realizaron análisis genéticos con el objetivo de determinar si se trataba de un perro primitivo o de un lobo. Sin embargo, los resultados arrojaron un dato que nadie esperaba: su ADN no coincide con ninguna de las dos especies.
Este resultado sugiere que Dogor pertenecía a una población intermedia, en una fase temprana del proceso evolutivo en el que algunos lobos comenzaron a adaptarse a la convivencia con los seres humanos, dando origen a los primeros perros. El hallazgo aporta evidencia directa de un momento clave en la historia natural y cultural de la humanidad.
Especialistas señalan que Dogor no puede considerarse “la primera mascota”, pero sí una pieza fundamental para comprender cuándo y cómo inició la relación entre humanos y perros, una de las asociaciones más antiguas y significativas en la historia de nuestra especie.
El estudio también refuerza la importancia del permafrost como archivo natural de información biológica, ya que permite conservar restos orgánicos durante miles de años, ofreciendo nuevas oportunidades para la investigación científica.
Con información de la cuenta oficial de X del portal Enséñame de Ciencia.
LP