Tim Cook se despide el martes de Apple tras casi quince años de liderazgo. El 1 de septiembre de 2026 marcará el cierre de una etapa que comenzó en 2011, cuando asumió la dirección ejecutiva tras la muerte de Steve Jobs, pues bajo su gestión, la compañía pasó de valer 350 mil millones de dólares a superar los 4 billones, consolidándose como la empresa tecnológica más poderosa del planeta. Cook no solo mantuvo vivo el legado del iPhone, sino que diversificó el negocio con productos como el Apple Watch, los AirPods y el Apple Vision Pro, además de expandir los servicios digitales que hoy representan más de 100 mil millones de dólares anuales.
El relevo quedará en manos de John Ternus, actual vicepresidente senior de Ingeniería de Hardware, quien ha sido pieza clave en el desarrollo de los chips Apple Silicon y en la transición de los Mac hacia una arquitectura propia. Su nombramiento refleja la intención de Apple de mantener la innovación en el corazón de su estrategia, aunque los desafíos son evidentes: la saturación del mercado de smartphones, la competencia feroz en servicios digitales y la necesidad de encontrar nuevas categorías de producto tras el fracaso del proyecto del coche eléctrico.
Cook, que asumirá como presidente ejecutivo de la junta directiva, deja un legado marcado por la estabilidad, la expansión global y un estilo de liderazgo pragmático. Su gestión estuvo atravesada por negociaciones políticas, acuerdos estratégicos con China y un discurso público en favor de la diversidad y los derechos civiles. La transición hacia Ternus será observada con lupa por los mercados, que esperan continuidad en la estrategia pero también respuestas a los retos de la próxima década.
La salida de Cook no es solo un cambio de nombres en la cúpula de Apple: es el fin de una era que transformó a la compañía en un símbolo de poder económico y cultural. El reto ahora será demostrar que la innovación puede seguir marcando el rumbo en un mundo tecnológico cada vez más competitivo.
EZ