Francisco realizó 47 viajes apostólicos internacionales, visitando zonas de conflicto y periferias como Irak, Bangui y Lampedusa.
Con información de Vatican News
El Papa Francisco, fallecido este lunes a los 88 años, deja un legado imborrable marcado por hitos históricos, reformas profundas en la Iglesia y una incansable defensa de los más vulnerables. Fue el primer Pontífice jesuita, latinoamericano y con el nombre de Francisco, elegido en 2013 mientras su predecesor, Benedicto XVI, aún vivía. Renunció a residir en el Palacio Apostólico, optando por la Casa Santa Marta, y firmó la histórica Declaración de Fraternidad Humana con el Gran Imán de Al-Azhar, marcando un antes y un después en el diálogo interreligioso.
Durante su papado, reformó la Curia Romana, creó el Consejo de Cardenales, impulsó el papel de mujeres y laicos en el Vaticano, eliminó la pena de muerte del Catecismo y abolió el secreto pontificio en casos de abuso sexual. Más allá de estructuras, promovió una “Iglesia en salida”, sinodal y pobre para los pobres, priorizando procesos que generaran transformación permanente. Su enfoque pastoral rompió esquemas: llamó por teléfono a fieles, visitó cárceles, hospitales y campos de refugiados, y utilizó redes sociales para conectar con millones de personas en todo el mundo.
Francisco realizó 47 viajes apostólicos internacionales, visitando zonas de conflicto y periferias como Irak, Bangui y Lampedusa. Denunció más de 300 veces la guerra como “una derrota para la humanidad”, y en plena pandemia ofreció al mundo la conmovedora imagen de la Statio Orbis bajo la lluvia. A través de encíclicas como Laudato si’ y Fratelli tutti, el Papa dejó testimonio de su pensamiento social, ambiental y fraternal. Su estilo directo, cercano y valiente marcó una era en la historia de la Iglesia católica que será recordada por abrir puertas y tender puentes.