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La NASA emprendió una operación sin precedentes: rescatar al observatorio astronómico Swift, que estaba condenado a caer y desintegrarse en la atmósfera terrestre a finales de 2026. El pasado viernes 3 de julio, despegó el robot Link, diseñado para interceptar y elevar al telescopio hasta una órbita segura, prolongando así su vida útil unos años más.
Swift, lanzado en 2004 y especializado en detectar brotes de rayos gamma y explosiones estelares, había comenzado a perder altitud debido a intensas tormentas solares. Ante el riesgo de que se precipitara antes de lo previsto, la NASA subcontrató la misión a la startup Katalyst Space Technologies, con un presupuesto de 30 millones de dólares y apenas nueve meses para diseñar y ejecutar la operación.
El lanzamiento también fue atípico: el avión Stargazer de Northrop Grumman liberó a 12,000 metros de altura el cohete Pegasus XL, que impulsó al robot Link hasta la órbita terrestre baja. Desde ahí, comenzará un proceso de aproximación al telescopio, con el objetivo de sujetarlo mediante tres brazos robóticos y elevarlo de los 360 km actuales a los 600 km de su órbita original.
Aunque China ya había realizado una maniobra similar en 2022 para trasladar un satélite a un “cementerio espacial”, esta es la primera vez que una empresa privada intenta remolcar un satélite operativo hacia una órbita más alta. El éxito de esta misión abriría nuevas posibilidades para extender la vida de otros observatorios como el Hubble, además de sentar las bases de una industria espacial más rentable en Estados Unidos.
Para Swift, sin embargo, este rescate será solo un indulto temporal. Tras unos años adicionales de servicio, el telescopio volverá a descender y finalmente se desintegrará en la atmósfera. Mientras tanto, su capacidad única de girar rápidamente para capturar las explosiones más violentas del universo seguirá siendo un recurso invaluable para la astronomía.
EZ