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IBERO Puebla, refugio de biodiversidad en la ciudad: alberga aves, mariposas y murciélagos

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La IBERO Puebla impulsa la sostenibilidad con un jardín polinizador, huerto universitario, resguardo de gatos ferales Iberomichis y paneles solares, consolidándose como modelo de cultura ecológica.

Sicom Noticias

En medio del crecimiento urbano y la pérdida de ecosistemas, la Universidad Iberoamericana Puebla se ha consolidado como un importante refugio para la biodiversidad en la cuenca del Alto Atoyac, albergando más de 80 especies de fauna y más de 1,200 de flora en su campus.

Con 64 mil metros cuadrados de áreas verdes —el 30% cubierto por árboles y arbustos—, además de un lago artificial y una infraestructura con principios de arquitectura bioclimática, la IBERO Puebla contribuye activamente a la conservación de especies que enfrentan presiones ambientales en otros entornos urbanos.

Así lo dio a conocer el Dr. Romeo Saldaña Vázquez, académico del Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga, SJ, durante el Seminario de Investigación 2025, donde presentó los resultados de su estudio sobre la biodiversidad en el campus. Detalló que, de las 303 especies de aves presentes en la cuenca del Alto Atoyac, 74 pueden observarse en la IBERO Puebla. Además, en el campus se ha documentado el 21% de las especies de mariposas y el 35% de los murciélagos de la región.

“El campus se ha convertido en un espacio de descanso y refugio para estas especies”, destacó Saldaña, quien también subrayó que las universidades tienen un rol indirecto pero vital en la preservación ambiental. “No podemos separarnos de los sistemas naturales. Todo está relacionado y lo que hagamos con ellos nos impactará de vuelta”, expresó.

Entre las acciones implementadas por la institución para fortalecer su compromiso ambiental destacan el jardín polinizador, el huerto universitario, el grupo de resguardo de gatos ferales Iberomichis y la instalación de paneles solares. Estas medidas reafirman a la IBERO Puebla como un modelo de sostenibilidad y cultura ecológica.

Con estos esfuerzos, la Universidad Jesuita no sólo promueve el conocimiento científico, sino también la acción concreta para proteger la vida que habita en su entorno, demostrando que es posible coexistir armónicamente con la naturaleza en el corazón de la ciudad.