Adam Ibrahim trabajaba con la agencia humanitaria de la ONU en su país natal cuando estalló el conflicto entre fuerzas armadas rivales a principios de 2023
Sicom Noticias
Sudán enfrenta una de las crisis humanitarias más grandes y complejas del mundo. Unos 30,4 millones de personas, más de la mitad de la población, necesitan asistencia humanitaria urgente. Sin embargo, el plan de necesidades y respuesta humanitaria para 2025 carece de la financiación adecuada, con solo el 13,3% de los recursos requeridos recibidos hasta ahora.
Aunque se vio obligado a huir del país con su familia tras la intensificación del conflicto, Adam Ibrahim regresó para ayudar a las personas afectadas por la guerra en Darfur. En vísperas del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se conmemora cada 19 de agosto, describió su viaje: de trabajador humanitario a refugiado y de regreso a Sudán.
“Estaba en casa ayudando a mi hija a repasar para sus exámenes de sexto grado, programados para el día siguiente. De repente, el sonido de intensos disparos rompió el silencio en mi ciudad natal, Zalingei, capital del estado de Darfur Central, que aún sigue sumida en la inseguridad y la escasez crítica de servicios básicos.
Al principio pensé que los disparos cesarían pronto. Corrí a abastecerme de comida y agua para seis días. Pero las calles se convirtieron en campos de batalla. Lo único que podía hacer era intentar mantener a mi familia a salvo.
A pesar del caos, seguí trabajando. La electricidad y el acceso a internet eran esporádicos, pero mantenía mi teléfono cargado para enviar actualizaciones diarias al responsable de la Oficina de Coordinación de la Ayuda Humanitaria (OCHA) en el país. Eso me daba un propósito en medio de la incertidumbre.
Finalmente, se volvió demasiado peligroso quedarse.