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Cada temporada patria, el chile en nogada vuelve a las mesas mexicanas como uno de los platillos más representativos de Puebla. Su combinación de chile poblano, picadillo, nogada, granada y perejil también está rodeada de una historia que mezcla tradición, Independencia y leyenda.
La versión más conocida señala que en 1821 las monjas agustinas del convento de Santa Mónica prepararon el platillo para recibir a Agustín de Iturbide y representar los colores del Ejército Trigarante. Sin embargo, no existe un documento de la época que confirme que las religiosas hayan creado el platillo específicamente para él.
Lo que sí cuenta con respaldo documental es que durante el siglo XIX ya existían recetas de chiles preparados con nogada. Un recetario publicado en 1831 incluye los llamados “chiles rellenos en nogada”, aunque con ingredientes y una presentación distintos a los actuales.
Con el paso de los años, la receta incorporó elementos que hoy la distinguen, como la granada y el perejil, hasta consolidar su característica apariencia tricolor.
Más allá de la disputa sobre su verdadero origen, el chile en nogada se convirtió en un símbolo de la gastronomía poblana y de la cocina mexicana. Su elaboración fue reconocida como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Puebla en 2024.
CM