Lo que para muchos representa un ingreso, para otros cuesta daños a sus techados: los alambres con los que las lonas son sujetadas, caen como misiles, y pueden provocar cualquier accidente.
Andrea Casco
La calle 31 Poniente se convirtió en un auténtico espacio de anunciantes, quienes la han saturado con decenas de anuncios espectaculares.
Al pasar por la vialidad, se observan grandes estructuras metálicas, de al menos 15 metros de altura, con cuadros que sostienen lonas de publicidad, por al menos un mes, antes que se renueve otro contrato.
Lo que para muchos representa un ingreso, para otros cuesta daños a sus techados: los alambres con los que las lonas son sujetadas, caen como misiles, y pueden provocar cualquier accidente.
En algunas de estas estructuras ya se instalaron nidos de pájaros y palomas; además, el simple hecho de tender ropa se vuelve un martirio.
Vecinos de la vialidad aseguran que no cuentan con los permisos necesarios y la vida de sus vecinos está en riesgo.