Cultura
114 años de tradición cerera en Izúcar de Matamoros
SICOM Izúcar
Más de un siglo de legado familiar que perdura entre el arte, el trabajo artesanal y la devoción religiosa.
Izúcar de Matamoros, Puebla.— Entre aromas de cera y pabilos listos para encenderse, en el corazón de Izúcar de Matamoros se mantiene vivo uno de los oficios tradicionales más representativos de la temporada de Todos Santos: la elaboración artesanal de velas y cirios para iluminar los altares dedicados a los fieles difuntos.
El taller Antigua Cerería del Señor de Tepalcingo conserva una tradición familiar que comenzó hace más de un siglo y que hoy continúa bajo el cuidado de Noé López García y José de la Luz López, quienes mantienen vigente un oficio heredado de sus antepasados.
Una historia que comenzó en 1912
Los orígenes de esta cerería se remontan a septiembre de 1912, en plena Revolución Mexicana, cuando el abuelo de Noé y José de la Luz fundó un pequeño taller en la antigua Plaza de la Constitución de Izúcar de Matamoros.
Desde entonces, la fe, el trabajo y la dedicación han acompañado a varias generaciones de esta familia, cuyas creaciones han llegado a los altares de hogares que conservan las costumbres religiosas de la región.
Con el paso de las décadas y los cambios en la configuración urbana, el establecimiento se trasladó a la calle Allende, donde continúa con la elaboración y venta de productos tradicionales.
Al sumar la trayectoria iniciada por el abuelo y los 56 años de experiencia de las generaciones posteriores, la familia reúne 114 años dedicados al oficio cerero, una labor que forma parte de la identidad cultural de Izúcar de Matamoros.
Ceras y cirios para las tradiciones mexicanas
El taller elabora piezas indispensables para distintas celebraciones religiosas, especialmente durante el Día de Muertos, cuando las familias preparan sus ofrendas y altares para recibir a sus seres queridos.
Entre sus productos destacan los cirios, las ceras de mano, las ceras de altar, los cirios de miel y la característica cera escamada o china, apreciada por su elaboración artesanal.
A diferencia de los productos comerciales fabricados en serie, en esta cerería se prioriza la elaboración tradicional y la selección de materiales adecuados para las condiciones climáticas de la región.
Para ello, utilizan parafina de primera calidad, con un punto de fusión de entre 60 y 62 grados centígrados, característica que favorece su resistencia ante las altas temperaturas de la zona. También emplean pabilos blancos purificados, provenientes de la capital poblana.
Estos materiales forman parte del proceso que permite conservar la calidad de las piezas y dar continuidad a un oficio transmitido de generación en generación.
Los retos de mantener vivo un oficio centenario
Como ocurre con muchos talleres artesanales, la Antigua Cerería del Señor de Tepalcingo enfrenta dificultades derivadas del incremento en los costos de las materias primas y la falta de estímulos dirigidos a los pequeños productores.
La variación de los precios de la parafina, un insumo fundamental para la elaboración de las velas, representa uno de los principales desafíos para mantener la actividad.
A pesar de las dificultades económicas y de la competencia comercial, las ventas se mantienen estables, impulsadas en parte por las familias que continúan visitando el establecimiento para adquirir sus productos, muchas veces acompañadas de sus hijos y nietos.
Esta costumbre contribuye a transmitir a las nuevas generaciones el valor de las tradiciones y la importancia de preservar los oficios artesanales de la región.
La devoción al Señor de Tepalcingo
La fe constituye otro de los pilares de esta historia familiar. El nombre del establecimiento está ligado al Señor de Tepalcingo, imagen religiosa a la que el abuelo José encomendó el negocio desde su llegada a estas tierras.
Esta devoción permanece presente en el trabajo cotidiano de la familia y en la elaboración de las ceras que acompañan las celebraciones religiosas de la región.
La tradición cerera no solo representa una actividad económica, sino también una expresión de identidad y pertenencia que vincula a distintas generaciones con sus creencias y costumbres.
Una invitación a preservar las tradiciones
Para la familia López, mantener este oficio representa una profunda satisfacción, pese al esfuerzo y los retos económicos que implica continuar con la producción artesanal.
Noé López García invita al público a visitar los talleres y establecimientos cereros de Izúcar de Matamoros, conocer sus procesos de elaboración y adquirir piezas tradicionales para los altares de Todos Santos.
Cada vela y cada cirio representan mucho más que un producto: son parte de una tradición que ha iluminado hogares durante más de un siglo y que, gracias al compromiso de las familias artesanas, continúa encendida en la memoria y la identidad de Izúcar de Matamoros.
CM
