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En Veracruz, el trabajo colectivo está convirtiendo las cosechas de las familias campesinas en nuevas oportunidades para generar ingresos y fortalecer la economía local. Es el caso de las Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) que, con el impulso de Sembrando Vida, unieron esfuerzos para poner en marcha 42 tortillerías “Maíz del Pueblo”, las cuales utilizan maíz producido por integrantes de la región.
Al frente de uno de estos emprendimientos está Belia Gabriel García, una mujer del municipio de Texistepec, que decidió asumir un nuevo desafío al comenzar la tercera edad. Aunque inicialmente tuvo dudas porque nunca había estado a cargo de un negocio, encontró en la participación de sus compañeras y compañeros la fuerza para sacar adelante la iniciativa.
“El que no se arriesga no pasa el río”, expresa la sembradora al recordar los primeros pasos de la tortillería en donde hoy se comercializan más de 40 productos, y donde el trabajo organizado ha sido clave para convertir una idea en una realidad.
Su vínculo con el campo comenzó desde su infancia, pues su padre cultivaba chile y maíz y comercializaba granos en la región. Años después, Belia y su esposo adquirieron una pequeña parcela que destinaban a la crianza de ganado. Él buscó incorporarse a Sembrando Vida, pero falleció en enero de 2019, antes de conocer que había sido aceptado. Belia decidió entonces continuar con el proyecto y se integró al programa.
Así, donde antes había un terreno de pastoreo, hoy crecen cedro, roble, caoba, canela, pimienta, achiote, café, cacao, limón, naranja y guanábana y Belia se convirtió muy pronto en coordinadora de una Comunidad de Aprendizaje Campesino.
La iniciativa en la que ahora participa también busca contribuir a una alimentación saludable mediante el consumo de productos elaborados con materias primas producidas localmente. De esta manera, el maíz cosechado por las familias campesinas encuentra una nueva oportunidad al transformarse en alimento para la comunidad.
Para Belia, el propósito es claro: si el proyecto nació dentro de Sembrando Vida, debe generar beneficios para la comunidad. Así, la tortillería se ha convertido además en un punto de venta para productos de valor agregado, entre ellos: vino de piña, café con chocolate, cacao dorado en grano y aceite de coco.
Con orgullo, Belia reconoce que este logro no es individual, sino fruto del esfuerzo de sus compañeras y compañeros y del acompañamiento de Sembrando Vida. Por ello, resume el significado de esta experiencia con una frase que refleja el impacto del programa en las comunidades: “Este programa nos ha devuelto la vida a muchos”.
El impulso a la transformación y comercialización de las cosechas se fortaleció en Sembrando Vida durante 2025, mediante proyectos que permiten a las comunidades procesar y comercializar directamente su producción, generar mayor valor agregado, fortalecer sus ingresos y avanzar hacia un campo con mayor organización y participación de las familias campesinas.
FM