Desde la capital, Kiev, sacudida por algunos de los ataques más mortíferos de la guerra la semana pasada, y tras visitar la región fronteriza de Sumy, la representante de ONU Mujeres en Ucrania, Sabine Freizer Gunes, describe en esta entrevista* tanto el agotamiento emocional como la resiliencia que ha presenciado.
Noticias ONU: La situación para los civiles en las ciudades es drástica, con bombardeos y sirenas de ataque aéreo sonando día y noche. ¿Podría describir su experiencia personal de vivir en una zona de guerra?
Sabine Freizer Gunes: Vivir en una zona de guerra como Ucrania es, por un lado, muy desafiante porque, como funcionaria de la ONU, no se nos permite traer a nuestras familias. Así que una dificultad es vivir lejos de la familia.
Por lo general, los ataques suelen ocurrir por la noche. Uno de los mayores desafíos es poder sobrellevar la semana cuando te despiertan múltiples veces durante la noche. A veces hay ataques en Kiev varios días seguidos. A veces hay silencio durante una semana o diez días.
No saber cuándo vas a dormir, si podrás dormir toda la noche o si tendrás que despertarte tres o cuatro veces, si tendrás que bajar al refugio, si tendrás que revisar las noticias (…) Diría que, mentalmente, eso es lo más difícil. No es tanto el miedo, sino la incertidumbre sobre cómo será tu noche.
© UNICEF/Oleksii Filippov
Un residente cerca de las ruinas de un edificio residencial en Kiev, observando cómo los equipos de emergencia buscan supervivientes tras un ataque con misiles en la madrugada del 28 de agosto.
Mantener la normalidad a pesar de todo
Noticias ONU: Recientemente estuvo en Sumy, muy cerca del frente oriental. Mucha gente ha abandonado el este por lugares más seguros, pero otros han decidido quedarse. ¿Cómo las Naciones Unidas, ONU Mujeres y sus socios les están ayudando?
Freizer Gunes: Es extraordinario que muchos ucranianos se queden en sus comunidades en el frente. Algunos de estos lugares han estado bajo ataque desde 2014. Lo que vemos es que la gente continúa viviendo sus vidas.
Acabo de regresar de Sumy, que está a 20 kilómetros de la frontera con Rusia, y la ciudad sigue completamente vibrante. Los negocios continúan, los cafés, restaurantes y tiendas siguen abiertos. La gente todavía camina por la calle.
Esta es la situación en Ucrania: de un momento a otro, puede ocurrir una tragedia.
La vida parece bastante normal durante muchas horas del día, pero siempre hay algo oculto detrás de eso. Por ejemplo, algunas de nuestras colegas tienen esposos luchando en el frente, o sus padres o hermanos han desaparecido.
Siempre hay ese elemento que no es visible pero que está detrás de la realidad de las personas que trabajan.
ONU Mujeres trabaja muy de cerca con organizaciones locales de derechos de las mujeres. Cuando hay un ataque, les preguntamos qué tipo de asistencia podemos proporcionar.
A menudo, son paquetes específicamente preparados para satisfacer las necesidades de las mujeres, particularmente las ancianas. Las mujeres mayores son generalmente las últimas en abandonar sus hogares.
Insisten en quedarse en sus casas, en sus pequeños patios, porque creen que es mejor que vivir en un centro colectivo.
Lo que intentamos hacer es proporcionarles algunos artículos básicos para que puedan permanecer en sus hogares.
Algo que vi ayer en Sumy es que las organizaciones de derechos de las mujeres realizaban actividades muy diversas: Hacen actividades culturales, apoyan a los jóvenes, proporcionan asesoramiento legal o psicosocial. Ayudan a las mujeres a adquirir nuevas habilidades para iniciar sus propios negocios.
Por un lado, hay una crisis humanitaria y debemos proporcionar apoyo vital, pero por otro, en la misma ciudad, también discutimos sobre recuperación y desarrollo.