Sicom Opina Con… Sergio Castro
Una de las características más importantes que hicieron a Rusia grande, desde Catalina La Grande, hasta la dinastía Romanov, fue la capacidad de hacer a un lado a todos los que interferían en su camino. Después del imperio Ruso, la nación surgió como líder comunista, la URSS fue temida por occidente. Y ojo, no estoy diciendo que fue la mejor manera de hacerlo ni que apruebo el régimen de Stalin o algo por el estilo, pero históricamente, Rusia le ha dado batalla a la potencia política y económica más grande de nuestro tiempo: Estados Unidos.
Es aquí donde aparece nuestro protagonista: Vladimir Putin, presidente de la madre Rusia desde hace más de 10 años, uno de los líderes más reconocidos e importantes en la geopolítica mundial, demostrando que no tiene por qué doblarse ante nadie. Veamos, Putin fue capaz de posponer el establecimiento de negociaciones directas y sin condiciones previas con las autoridades ucranianas en Estambul, Turquía, el pasado 10 de mayo.
Mientas que a Ucrania le urge llegar a un acuerdo porque se dio cuenta por fin que no podrá ganarle la guerra a Rusia, porque sus “aliados” no le brindarán más ayuda de la que ya le han dado, Vladimir analiza los movimientos que realizará para no afectar a su país solo por caprichos o mandato de otras naciones. Lo mejor de todo para ellos, su economía es estable y el estado de bienestar de sus ciudadanos aceptable. Las profecías occidentales del desastre ruso no se ve ni de lejos.
Hoy Rusia y Ucrania están en posiciones completamente distintas. Se pudo haber ejercido mayor presión a Moscú y entablar negociaciones con resultados más favorables para Ucrania, pero la realidad es que ahora Ucrania tiene una deuda gigantesca con Estados Unidos y con los países europeos.
El costo total de la recuperación y reconstrucción de Ucrania, es hasta el momento de 524 mil millones de dólares, de acuerdo con una evaluación Rápida de Daños y Necesidades publicada el 25 de febrero pasado por el Gobierno de Kiev, el Grupo del Banco Mundial, la Comisión Europea.
La mala racha para Kiev también incluye una serie de promesas incumplidas por parte de Occidente. Hasta hace varios meses, en la Unión Europea se hablaba de que Ucrania fuera incluida en el bloque y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Algo que no pasó y no pasará.
Rusia, por su parte, también tiene un interés estratégico que no puede dejarse de lado: acabar con las raíces del conflicto ruso-ucraniano, es decir, alcanzar la paz duradera de la que ha hablado el Kremlin pero que realizará bajo sus condiciones. Putin no se dobla ni lo hará, por ello es que ha ganado el mote del Zar del siglo XXI.
Putin, ve como Ucrania, que fuera parte de su territorio, no tiene por sí misma una economía ni ejército fuerte.