El tratamiento no tiene costo fijo. Las sesiones se ofrecen a cambio de una aportación voluntaria, con lo que el curandero sostiene su estancia.
Sicom Noticias
De forma discreta pero constante, decenas de personas se reúnen cada día junto a la Iglesia de La Compañía, frente al edificio Carolino de la BUAP, para recibir lo que muchos describen como alivio físico y espiritual de manos de un hombre originario de Rumania: Mircea Gabriel, un curandero que asegura sanar a través de la energía de sus manos.
Gabriel llegó a Puebla hace dos meses tras recorrer otras ciudades del país, como Mérida, donde ofrecía sus servicios en parques y tianguis. De acuerdo con su testimonio, descubrió su don de forma accidental, luego de un percance laboral que, lejos de debilitarlo, despertó en él una capacidad que ha dedicado a ayudar a otros.
Desde entonces, ha atendido a cientos de personas, muchas de ellas con enfermedades crónicas o dolores persistentes. Entre los asistentes destaca el caso de Rosa María Rojas, originaria de Cancún, quien padece diabetes e hipertensión: “Desde la primera sesión sentí alivio en mis hombros y manos”, relata. Iliana, otra usuaria con molestias en rodillas y pies, conoció su trabajo a través de redes sociales y decidió acudir “como última alternativa”.
El tratamiento no tiene costo fijo. Las sesiones se ofrecen a cambio de una aportación voluntaria, con lo que el curandero sostiene su estancia. Aunque no hay evidencia científica que respalde sus métodos, el flujo constante de personas y los testimonios reflejan una creciente apertura a terapias alternativas en la ciudad.
Gabriel afirma que puede ayudar a aliviar desde dolencias musculares hasta enfermedades graves como el cáncer, aunque siempre aclara que su trabajo no sustituye la atención médica profesional. Su presencia ha generado interés, pero también escepticismo, por lo que continúa su labor a la intemperie, entre la fe, la esperanza y la búsqueda de bienestar.