El Barrio de El Alto, uno de los más antiguos de Puebla, es reconocido por ser cuna de maestros panaderos que han conservado recetas tradicionales y métodos artesanales.
Juan Pablo Ramírez
Desde las primeras horas de este viernes, los hornos del tradicional Barrio de El Alto encendieron sus fogones para conmemorar el Día del Panadero, una fecha especial dedicada a quienes, con dedicación y oficio, elaboran el pan que cada día llega a las mesas poblanas.
A las 4:30 de la mañana comenzó el movimiento en los hornos del segundo cuadrante de la capital poblana, donde las manos expertas de panaderos y panaderas dieron forma a teleras de agua y panes dulces, impregnando las calles con aromas que son parte del patrimonio sensorial de la ciudad.
La conmemoración tiene un profundo significado religioso, pues la Iglesia Católica recuerda cada 16 de mayo a San Honorato de Amiens, considerado el patrono de los panaderos. En su honor, quienes se dedican a este oficio celebran la tradición que, en muchas familias poblanas, se ha transmitido de generación en generación.
“Cada quien tiene su función, desde el que prepara la masa hasta el que mete el pan al horno. Todo se hace con amor”, comentan los panaderos del barrio, orgullosos de mantener vivo un oficio que combina técnica, esfuerzo y herencia.
El Barrio de El Alto, uno de los más antiguos de Puebla, es reconocido por ser cuna de maestros panaderos que han conservado recetas tradicionales y métodos artesanales, haciendo del pan no solo un alimento, sino un símbolo de identidad y orgullo local.
Este Día del Panadero no solo reconoce su labor, también revalora su aporte a la cultura gastronómica poblana, recordando que detrás de cada pieza hay historia, trabajo y devoción.