No sólo se trata del ruido que se escucha a diario y en cualquier momento, las vibraciones por las unidades del transporte público dañan su vivienda.
Andrea Casco
Por lo general, hombres y mujeres trabajan por una sola meta: tener una vivienda en la que puedan disfrutar de paz y tranquilidad; lamentablemente para muchas personas, el ajetreo de la vida cotidiana no se los permite.
Un ejemplo es el de la señora Rosa, quien vive desde hace 50 años en la esquina de la 48 Poniente y la 7 Norte, de la Colonia Santa María, y que día tras día debe soportar el ruido de claxons de automóviles y hasta unidades del transporte público.
No sólo se trata del ruido que se escucha a diario y en cualquier momento, las vibraciones por las unidades del transporte público dañan su vivienda.
El sonido de los claxons, "pan de cada día" para la señora Rosa, quien vive en la 48 Poniente y 7 Norte, en la Colonia Santa María.